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Economía de Hoy
  • 20 oct 2014

Hacia un mercado laboral saludable

Por Christopher Dottie, Director General para España de Hays.

20 marzo 2012

Se mire como se mire, la realidad es que el mercado laboral español no está funcionando. La tasa de paro es demasiado elevada, el número de hogares sin empleo es desmesurado, existe un enorme desequilibro en la edad de los desempleados, la productividad es bajísima y las relaciones laborales son en exceso conflictivas.

Esta situación no es ninguna novedad, es la extensión de un conjunto de problemas fundamentales que se arrastran desde hace más de 30 años. La tasa de paro es excesiva hoy, pero la realidad es que desde 1980 ha sido casi el doble de la tasa media en Europa, con un promedio de 16%. Asimismo, en los mejores momentos de crecimiento económico teníamos al 8% de los activos laborales sin trabajo, un nivel muy poco común en países desarrollados. Es evidente que los problemas son estructurales y, por tanto, las soluciones deben ser especialmente creativas y deben provocar un importante impacto en el mercado.

Para que un mercado laboral sea saludable hace falta que se produzca una relación equilibrada y positiva entre tres elementos claves: Remuneración, Seguridad y Productividad. En el escenario español se actúa como si no hiciera falta esa interacción entre esos factores fundamentales y, si queremos salir de esta, todos los actores que intervienen en el mundo del trabajo deben tenerlo muy presente si se quieren acometer los cambios que todo el mundo considera necesarios.

La productividad es la gran asignatura pendiente del mundo laboral español, la gran olvidada y la gran ignorada. Con demasiada frecuencia el debate se centra en temas como los costes, los derechos, los contratos y las negociaciones, pero la realidad es que la relación laboral es una transacción dónde la productividad debe ser la medida principal de valor. La globalización es un tema de moda, al que se le achacan todas las culpas o del que más se espera, pero lo cierto es que el impacto de lo global hoy es tan importante como lo fue hace una década.

Somos parte de un mercado libre, dónde el consumidor tiene información suficiente y completa para tomar una decisión independiente sobre los productos que quiere adquirir, independientemente de que el consumidor pueda ser español o hindú. Aunque será más probable que sea hindú, ya que la población activa de la India crecerá en 241 millones de personas activas en próximos años mientras que la población activa española apenas lo hará en millones de personas, como corresponde a un mercado maduro con muy bajos índices de natalidad.

En ese mercado global, la empresa tiene libertad de fabricar sus productos, dependiendo de la materia prima y la complejidad de producto, en el país que le ofrezca más ventajas. O lo que es lo mismo, no tenemos ningún derecho adquirido para producir o vender, ese don o ese privilegio lo tenemos que ganar cada día con productividad y ventajas competitivas.

Un estudio reciente del World Economic Forum nos recuerda que actualmente en el mundo hay 35 países que son más competitivos que nosotros. El informe señala que España es un país que cuenta con excelentes infraestructuras, un mercado interno importante y una tasa de educación muy elevada. También puntuamos bien en cuestiones como la utilización de tecnología y la inversión en I+D. Es en el análisis de la competitividad de nuestra fuerza laboral donde tradicionalmente cae la nota. Una competitividad que es muy baja y en cuyos ratios tiene mucho un marco laboral que no favorece a nadie. Así, España se sitúa en la posición 134 entre los 142 países analizados al evaluar la rigidez del mercado laboral. Por su parte, las políticas de contratación nos llevan al puesto 137 y la relación entre salarios y productividad a la posición 126. Es decir, estamos en el vagón de cola de la competitividad mundial con una legislación que favorece, en muchos casos, la permanencia en el puesto de trabajo de quienes menos trabajan.

Evidentemente hay ejemplos de lo contrario, de empresas importantes que han avanzado mucho y logrado una buena relación entre la remuneración y productividad, pero no dejan de ser excepciones a la regla y tenues reflejos de una tendencia que, de extenderse, ayudaría y reducto la tasa de paro de forma importante.

Otro indicativo de que existe una rigidez excesiva en el mercado laboral es el hecho de que la destrucción de empleo ha impactado casi exclusivamente en los trabajadores que habían cambiado de empresa más recientemente. De hecho, a día de hoy hay más personas que llevan más de 3 años en su puesto de trabajo -10.4 millones- que en el tercer trimestre de 2007 -9.5 millones. Desgraciadamente, también hay 2.5 millones de personas menos en el grupo de los que están en los primeros tres años en su empresa actual.

Está claro que este dato refleja una evidente ausencia de creación de empleo durante los últimos años, pero a la vez demuestra una ausencia de "sana rotación" en los niveles más experimentados. Una cuestión que quizá tenga mucho que ver con el hecho de que las reformas laborales sólo se han aplicado a las nuevas incorporaciones. Si los empleados empiezan a tener miedo a cambiar de empleo y pierden su ambición, la productividad empresarial en España se resentirá una vez más y bajará nuestro nivel de competitividad.

Para cambiar la tendencia, en los próximos meses y años debemos ser capaces de demostrar un total pragmatismo respecto al mercado laboral. Nos gustaría poder decir que es posible que todo el mundo va a encontrar un empleo idóneo, es decir un empleo que garantice la satisfacción, la seguridad, y los ingresos deseados. Por desgracia no será así y las autoridades laborales tendrán que conformarse con un mal menor. Por ejemplo, el 46% de las personas con trabajo a tiempo parcial quieren trabajar más horas. El estado debería hacer lo posible para ayudarles, pero sin hacer peligrar el trabajo que tienen en este momento. Sabemos que tener 1.3 millones de personas subempleados no es nada bueno, pero es mejor que sumarles a las personas que no tienen trabajo. Por tanto, reducir la temporalidad o los contratos de tiempo parcial no debería ser una prioridad inmediata. Hasta que España no consiga un crecimiento económico estable, no habrá una cantidad sustancial de más de trabajo por hacer. La decisión clave que si tenemos que tomar es si ese trabajo se hace por un grupo reducido de personas que tienen derechos adquiridos importantes o si se reparte de forma más generalizada. La segunda opción implicaría una ligera reducción en ingresos o seguridad por parte de los que tienen trabajo, lo que sería un sacrificio importante, pero es la única forma de ayudar a los casi 5 millones de personas que no tienen ningún trabajo. Es algo que la sociedad española debe plantearse. Vale la pena recordar que la reducción de la semana laboral fue la medida más importante tomada por el estado alemán durante la crisis.

El nuevo gobierno tendrá recursos limitados para ayudar a los desempleados y podría plantear alternativas más radicales como pedir trabajos sociales a los que reciben subsidio de empleo. Pocos países tienen implementados en estos momentos sistemas parecidos, aunque hay muchos donde se pide una evidente voluntad de trabajar antes de empezar a recibir las prestaciones. Así, en el Reino Unido el subsidio de paro se ha transformado en el denominado "Job Seeker's Allowance", es decir la prestación al quien busque trabajo. Para cobrar el subsidio, el interesado ha de asistir a un cierto número de entrevistas de trabajo, concertadas por los Servicios Públicos de Empleo o por entidades privadas.

Los SPEE (Servicios Públicos de Empleo) son otra área de oportunidad para el renacimiento del mercado laboral en España. Es más que probable que no se pueda incrementar la inversión para tener más recursos, dada la situación financiera, pero sería de gran ayuda. En el Reino Unido hay un empleado de SPEE para cada 20 personas que buscan empleo. En España el ratio es casi 10 veces peor. Sin embargo, una mayor especialización y segmentación sería importante y deseable, porque cuando se intenta ayudar a casi 5 millones de personas en situaciones muy diversas es imposible dar un buen servicio a muchos de ellos.

Confío que cualquier re-estructuración cuente con las empresas privadas para ayudar a profesionales de características concretas para que los servicios públicos puedan poner su foco en un número de personas más reducido que realmente necesita su ayuda.

La formación en España ofrece de media una calidad muy elevada, pero el estado necesita trabajar con el mundo de negocios para decidir cómo incentivar la inversión en profesionales con nuevas capacidades. A día de hoy, muchas personas se están formando para avanzar su carrera profesional o para conseguir una reincorporación al mundo laboral. Mientras tanto, las empresas buscan personas con experiencia muy directa, capaces de aportar un valor añadido desde el primer día.

Mientras estudia sus alternativas, el nuevo gobierno debe tener muy en cuenta una de las leyes económicas más poderosas: la ley de consecuencias no intencionadas. Por ejemplo, la intención de introducir una legislación que obligue a la cotización por los becarios es muy clara y respetable. Sin embargo, si la consecuencia que provoca es una la reducción en las oportunidades para los becarios, habría que analizar la importancia de este efecto. La experiencia en el mundo laboral es tan importante hoy en día, sobre todo para los jóvenes profesionales, que han de aprovechar todas los vías posibles, ya sea becas, contratos temporales, trabajo a tiempo parcial u otro.

La simplificación y eliminación de los procesos burocráticos es un objetivo y un requisito necesario en cualquier reforma del mercado laboral que se aplique en los próximos meses.

Por mucho que apoyemos la creación de empleo en el sector de los servicios jurídicos, como en cualquier otro, sería muy recomendable que las pequeñas empresas pudieran entender la legislación laboral en el día a día sin necesidad de depender de los abogados.

Lo ideal sería abordar la sustitución generalizada de algunas de las normativas vigentes y no añadir más niveles de complejidad con nuevas cláusulas. Volver a los principios fundamentales de las relaciones laborales y la generación de empleo seguramente será el objetivo del gobierno español. Es un buen momento para empezar de nuevo con una pizarra en blanco y aplicar las mejores prácticas de otros países, mientras la Unión Europea negocia los nuevos términos de sus relaciones.

Hasta aquí una serie de medidas que se deberían tener en cuenta para mejorar el entorno laboral en nuestro país, pero la creación generalizada de empleo dependerá de que se produzca un crecimiento económico. Es más que probable que en ese nuevo tiempo la economía española se adaptará a un mundo en cambio poniendo su foco en una economía basada cada vez más en los conocimientos. Asistiremos a la identificación de los sectores claves donde las nuevas inversiones ayudarán a consolidar el mundo laboral. Será importante en este proceso, que no nos olvidemos de comunicarnos con los trabajadores españoles y darles a conocer el futuro y prospero camino que vamos a seguir para que ellos también se puedan preparar para el viaje.


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